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Memoria de Pez

Hace unos meses Mercedes-Benz lanzó una campaña publicitaria para su Clase M, titulada “Memoria de Pez”. La empresa alemana plantea lo maravillosa que sería la vida si pudiéramos disfrutar todos los días de las cosas como si fuera la primera vez, como si tuviéramos una supuesta memoria de pez…

Popularmente se cree que la memoria de los peces sólo dura unos pocos segundos, y aunque este hecho no está científicamente comprobado, da igual, a los efectos de la campaña, sirve el concepto.

No tener memoria previa o tener «Memoria de Pez» sería el sueño del marketing dado que implicaría ningún conocimiento previo a la hora de que nuestro cerebro procese información. Nuestra percepción del entorno es el resultado de nuestra historia previa sumado a la información que recibimos. Aunque podamos creer que nuestros comportamientos y gustos son resultado directo de la percepción instantánea, la realidad es que nuestro procesamiento cerebral es más complejo y decidimos en función a lo que construimos desde nuestro pasado.

Si lo que se dice de los peces es cierto, ellos deben ver «Vacas Púrpuras» por todos lados.

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El fracaso fortifica a los fuertes

…decía Antoine de Saint-Exupery.

Si bien el mensaje que Obama ofreció ayer con motivo del inicio del año escolar americano resonó en los medios por su pedido de tener precaución con Facebook, quiero rescatar una parte de su discurso que me parece un gran mensaje relacionado con la capacidad de fallar y perseverar en el intento:

But the truth is, being successful is hard. You won’t love every subject you study. You won’t click with every teacher. Not every homework assignment will seem completely relevant to your life right this minute. And you won’t necessarily succeed at everything the first time you try.
Some of the most successful people in the world are the ones who’ve had the most failures. JK Rowling’s first Harry Potter book was rejected twelve times before it was finally published. Michael Jordan was cut from his high school basketball team, and he lost hundreds of games and missed thousands of shots during his career. But he once said, «I have failed over and over and over again in my life. And that is why I succeed.»
These people succeeded because they understand that you can’t let your failures define you – you have to let them teach you. You have to let them show you what to do differently next time. If you get in trouble, that doesn’t mean you’re a troublemaker, it means you need to try harder to behave. If you get a bad grade, that doesn’t mean you’re stupid, it just means you need to spend more time studying.
Abrazar el fracaso, no esconder nuestras fallas, llevarlas con orgullo y lo más importante, aprender siempre de ellas.
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Pensamiento delgado y un millón en la cuenta

Algunas reflexiones de la presentación de David Heinemeier Hansson de 37signals que propuse ver en el post de Sequoia Capital:

  • Cuando se genera valor en un nicho porque mi producto es deseado por el mercado o le hace la vida más fácil a los clientes, éstos están dispuestos a pagar por el mismo. No hay necesidad de regalar nada.
  • Cualquiera soñaría con desarrollar el próximo Facebook, Amazon o Ebay, pero la realidad es que es muy improbable lograrlo. La pregunta que hace David es si preferimos apostar 1/10.000 a ganar un billón de dolares o 1/10 por 1 Millón. Sin dudas, y perdón por mi espiritu conservador, prefiero 1 Millón en mi cuenta. La idea es que hay muchas posibilidades de innovar y desarrollar un buen negocio a una escala mucho menor a la de Facebook, simplemente hay que encontrar el nicho y un modelo de negocio claro.
  • Si tenemos un modelo de negocio basado en suscripciones, como un SaaS, por el cual, cada usuario paga U$S 40/mes y obtengo 2000 clientes (que en la escala de Internet es muy poco – pero hay que conseguirlos -), puedo facturar 1 Millón al año.
  • Si detecté un nicho y el sitio web recibe 40.000 visitas al mes (capturados de los interesados en mi producto de nicho) y logramos un 5% de registro por mi servicio o producto, entonces ya logré mis 2000 clientes. David dice que normalmente subestimamos este objetivo y que no es tan dificil de alcanzar.
  • ¿ Web o Servicios ? hacer algo en la web cuesta menos. Una empresa de servicios en la calle requiere de mayor personal a medida que necesita crecer o escalar el negocio, ergo, esto genera mayores costos fijos que afrontar. Con un negocio en la web, solo demandaremos mas servidores y más ancho de banda (y como ambos insumos cada vez se comoditizan más, nuestro costo fijo tiende a bajar con el tiempo y no a subir). Si comparamos una empresa con dos millones de clientes montada en la web vs. una empresa tradicional con la misma cantidad de clientes en la calle, la segunda requiere muchísimo más personal y recursos que la primera para atender la demanda.
  • En la web el mercado es el mundo y el acceso es inmediato a todo el mundo, en cualquier negocio tradicional de servicios, escalar geográficamente requiere de un costo importante para crecer y posicionarse en un nuevo mercado.
  • David Heinemeier Hansson hace millones al año con 13 empleados en 37signals. Un modelo nada despreciable ¿ no ?

Small is Essential: Seguí este artículo en Time para conocer más sobre el modelo de organización de 37signals.

Y relacionado con este «pensamiento delgado» a la hora de armar un startup, uno de los mejores post que leí al respecto en el blog de Damián Voltes.

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Talento y Neurociencias

Normalmente asociamos el talento con lo más célebre: Michael Jordan, Ludwig Van Beethoven, Mozart. Cuando vemos jugar a Jordan o escuchamos a Mozart, sabemos que detrás de cualquiera de ellos hay más de 10.000 horas de entrenamiento y toda una serie de hechos que los llevaron a sobresalir de entre sus pares. Sin embargo, también reconocemos que su arma secreta es su talento.

Tiger Woods, Robert de Niro, todos forman parte del selecto club de talento. Un club al que percibimos que solo acceden pocos. Sentimos que son personas «diferentes» a nosotros.

Sin embargo, vamos a compartir otra perspectiva que nos ponga más cerca de este grupo selecto según una reflexión que ofrece Gallup en este libro.

«Todo patrón recurrente de comportamiento que se pueda aprovechar de manera productiva es un talento. Esta claro, que para lograr un desempeño excelente, se ha de encontrar la concordancia entre los talentos y la función realizada».

Toda función realizada con excelencia requiere talento, porque para ser realizada con excelencia, toda función exige ciertos patrones recurrentes de pensamiento, sentimiento o comportamiento.

«Recurrente». Los talentos son comportamientos que las personas manifestamos con frecuencia. Es un talento la capacidad recurrente de una persona para recordar nombres o para recordar caras. Es un talento la capacidad y necesidad de una persona de ordenar su ropa por color o poner orden por doquier. También es un talento el amor por los crucigramas o las fascinación por el peligro.

Independientemente de que la excelencia sea célebre o anónima, la excelencia es imposible sin talento.

Todos tenemos un filtro mental ó una forma de ver nuestro alrededor que tamiza el mundo, obligándonos a prestar atención a ciertos estímulos y dejando pasar otros totalmente desapercibidos.

La sabiduría clásica nos enseña que seleccionamos gente en base a experiencia, inteligencia y voluntad. El talento, muchas veces, queda en el olvido.
Para la experiencia, se estudia minuciosamente la historia de vida confiando que el pasado es la ventana hacia el futuro.
Creemos en la inteligencia como herramienta para resolver problemas y sopesamos los historiales académicos de primera clase.
Otra escuela de pensamiento sostiene que el éxito es un 10% inspiración y 90% esfuerzo y buscamos evidencias basadas en la tenacidad.

Aunque nadie pueda no acordar con las afirmaciones anteriores donde la experiencia deja enseñanzas valiosas, la inteligencia es un don y la voluntad es algo casi imposible de enseñar, la sabiduría convencional llega hasta ahí. No considera que existen muchos otros tipos de talentos y que probablemente en ellos estén los más indicados para sobresalir en una función.

La sabiduría convencional supone, que la empatía de un operador de call center, la firmeza de un vendedor para negociar ó ciertas habilidades de un gerente son comportamientos que se pueden enseñar una vez contratada la persona, o bien, que la importancia de estas características son relativamente inferiores comparadas con las primeras.

Los dos supuestos son falsos. Primero el talento no se enseña y luego veremos por qué esta afirmación es válida. Segundo, los talentos son el motor del desempeño laboral de una persona. No significa que experiencia, inteligencia y voluntad no sean importantes, es sencillamente que el complemento total de talentos de una persona – lo que la motiva, la manera en como piensa, la forma en que construye relaciones – es aún más importante.

Puesto que cada ser humano está bajo la guía de su filtro singular, ese del que hablamos antes, una misma situación provoca reacciones muy distintas. Lo que es ridículamente fácil para una persona puede ser extremadamente difícil para mí. Lo que constituye un estímulo para alguien sólo puede generar aburrimiento en mí.

En una multinacional del transporte de cargas en camiones, todos los conductores experimentan la misma situación: kilómetros de carretera, carga pesada y cientos de vehículos a su alrededor. Todos los conductores son capacitados por igual y muchos hasta la misma experiencia. Pero algunos conducen el doble de kilómetros que sus colegas y sufren la mitad de los accidentes. ¿Por qué?. El filtro. ¿Qué hacen los mejores conductores mientras conducen? y dijeron: «pienso en que haría si ese automóvil se saldría ahora de la carretera. Si ese peatón decidiera cruzar antes del cambio de semáforo. Si me quedo sin frenos».
El resto de los conductores van pensando en su próxima parada de descanso.
Los mejores mantienen un juego mental de posibilidades, previendo situaciones, planificando constantemente la evasión del riesgo.

Los mismos estímulos, reacciones diferentes, desempeño muy distinto.

Este filtro del que hablamos no es un proceso consciente o racional. No sucede una vez al mes permitiéndonos dar el lujo de sentarnos a evaluar opciones y elegir el camino más sensato. El filtro trabaja sin cesar, ordena, tamiza y crea el mundo que hacemos en tiempo real. De todas las cosas posibles que podríamos hacer o sentir o pensar, nuestro filtro nos dice constantemente cuales son las pocas cosas que debemos hacer, sentir o pensar.

¿Es posible forjar talentos nuevos?

Con la mejor de las intenciones, muchas compañías creen que sí. Con la mejor de las intenciones les dicen a sus empleados que todo el mundo tiene el mismo potencial. Instan a los empleados a ser abiertos y dedicados al aprendizaje de nuevos comportamientos. Gastamos miles de dólares en capacitación orientadas a enseñar nuevos comportamientos: empatía, firmeza, construcción de relaciones, innovación, pensamiento estratégico.

Sin embargo y como veremos luego, la neurociencia nos impone un límite que podemos traducir en mantra según el estudio de Gallup:

«La gente no cambia mucho. No hay que perder tiempo tratando de llenar vacíos. Es mejor tratar de aprovechar lo que ya existe. Eso de por sí ya es difícil».

En contra de años de peregrinaje de afirmaciones a favor del desarrollo de talentos, la neurociencia intenta explicar que esta afirmación es verdad.

«Todo el mundo tiene ciertos patrones recurrentes de comportamiento. Son un accidente congénito, el encontronazo de los cromosomas«, como lo describe el etólogo Robert Andrey.

El progreso de la neurociencias no es muy antiguo, su impulso se inicia en la década del 90 cuando el Congreso de los Estados Unidos declaró el «decenio del cerebro». Con el desarrollo de nuevas tecnologías hemos aprendido en los últimos 20 años muchísimo sobre este misterioso órgano que llevamos de gorra.

Cuando nacemos, nuestro cerebro contiene cien mil millones de neuronas. Si bien estas neuronas son la materia prima, la mente vive en el espacio existente entre ellas, en las conexiones entre ellas. En las sinapsis.

Desde que nacemos, cada neurona en la mente del niño comienza a establecer comunicación de manera intensa enviando miles de señales, intentando comunicarse. Cada neurona, tratando de contactar a 150.000 pares. Así de vital y complejo es el cerebro de un niño.

A los 3 años, el cerebro del niño ha hecho un trabajo enorme de comunicación y contacto, hasta 15.000 conexiones sinápticas por cada una de sus cien millones de neuronas.

Durante los siguientes 10 años, su cerebro refina su red de conexiones. Las conexiones sinápticas fuertes, se hacen aún más fuertes, las más débiles se marchitan y finalmente se pierden. Harry Chugani, profesor de neurología de la Facultad de Medicina de Wayne State University, compara este proceso:

«Las carreteras más transitadas se ensanchan. Las que se usan con menos frecuencia acaban deteriorándose»

¿Se acuerdan de las 10.000 horas de entrenamiento que expone Malcolm Gladwell en Outliers?

No hay comprobación científica sobre la razón por la cual algunas autopistas mentales son más utilizadas que otras. Algunos sostienen la hipótesis de la herencia, otros alegan en la crianza un efecto determinante. Cualquiera sea el sesgo, el resultado es el mismo.

En la adolescencia, el niño tendrá la mitad de las conexiones sinápticas que tenía a los tres años. La mente a forjado su red singular de conexiones. El ñiño posee algunas autopistas veloces, de muchos carriles con conexiones rápidas y fuertes. También posee terrenos baldíos y carreteras angostas, zonas por donde no logra cruzar ninguna o muy poca señal.

Estas autopistas, según sostiene la neurociencia son nuestro filtro mental. Son el origen de nuestros patrones recurrentes, lo que nos hace únicos, irrepetibles. Definen los campos en los que hemos de sobresalir y aquellos en donde no tendremos oportunidades. Son la fuente de nuestros entusiasmos y de nuestras indiferencias.

La neurociencia nos dice, que después de la adolescencia, la transformación del caracter es limitada. Esto no quiere decir que la persona no pueda cambiar, podrá adquirir nuevas destrezas y conocimientos, podrá modificar valores, podrá desarrollar mayor conciencia en algún área.

Si existe un terreno baldío para la negociación, probablemente con mucha capacitación podremos construir un camino angosto, pero claramente, no hay oportunidad para desarrollar un talento ahí.

La neurociencia entonces, dice confirmar que los patrones recurrentes de comportamiento son permanentes y si esos patrones definen nuestro visión del mundo y son nuestra explicación a nuestras mejores virtudes, entonces, es hora de hacer coincidir ellos con nuestras funciones para alcanzar una vida más plena.

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Inspirador mensaje de Sequoia Capital

Lo ví acá, y me parece realmente inspirador.

Es el mensaje de presentación de Sequoia Capital, uno de los Venture Capital pioneros de Silicon Valley y con un impresionante portfolio de éxitos en su historia de inversiones. Ha invertido capital semilla en casi todo lo que anda dando vuelta en la red (Goolgle, por ejemplo).

Sequoia Capital en los EEUU está al servicio de los fundadores y gestores que nos han seleccionado como compañeros de negocios. Hemos aprendido que la única forma de ayudar a desarrollar una compañía fabulosa es paso a paso. Esto sólo sucede si la compañía fabrica productos maravillosos o presta un servicio que emociona a una gran cantidad de clientes. Si eso ocurre, entonces los fundadores, los gestores y los empleados de esas compañías prosperan. Es sólo en ese momento cuando el inversor merece ser recompensado. Tiene que pasar en este orden. No hay atajos.

It has to happen in that order. There are no shortcuts…

Un extra mas, les recomiendo ver este video y presentación de David Heinemeier Hansson, fundador de 37signals quien explica como hacer una empresa de software online, tener éxito y facturar U$S 1M/año con 2000 clientes que te pagan U$S 40/mes. También podes leer online su libro, Getting Real.

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